Lo cotidiano a través del juego: logra cooperación de manera divertida

Una de las cosas que me ha enseñado la maternidad es que la creatividad siempre debe ser nuestra mejor aliada para criar a nuestros peques. Que sí, que hay días que te sientes como si te hubiese pasado un camión por encima y lo que necesitas es que tus hijos hagan las cosas cuando les pides que las hagan y ya está. ¿Fácil, cierto? Pues en la vida real no parece serlo. Mientras más demandamos y escupimos órdenes, pareciera que nuestros peques escucharan totalmente lo contrario.

hacer que los peques cooperen con las rutinas diarias

“¡Recoge tu cuarto!”…

Peque: “¿mamá acaba de decir que desordene mi cuarto?”

¿Quién más tiene esa impresión de vez en cuando? La buena noticia es que existen algunas herramientas que podemos guardar en nuestro cajón mental para probar en cuáles situaciones se nos da mejor una u otra, con cuáles nos sentimos más cómodos o cuándo tu peque está más dispuesto a recibir una u otra herramienta de manera cooperativa.

Ser padres es una cuestión de ensayo y error, de voluntad y de muchísima pero muchísima creatividad. Algo que sobra en nuestra gran tribu Los Inventos de Mamá, así que ¿Qué tal si también lo trasladamos a la crianza?

Ser divertidos, juguetones y generar espacios de conexión para compartir con nuestros peques no tiene que ser solo a través de actividades lúdicas, ¿qué tal si trasladamos el juego a aquéllas situaciones en las que necesitamos la cooperación de nuestros hijos para hacer lo que tienen que hacer? Esto es: cepillarse lo dientes, bañarse, vestirse para ir al colegio, recoger sus juguetes, y un gran etcétera.

crianza en positivo

Entonces, sabemos (lo hemos experimentado) que las amenazas, las órdenes, ruegos, sermones y constantes recordatorios no funcionan sino que, por el contrario, generan más rebeldía. Y seamos sinceros, como adultos reaccionamos (o es más probable) de la misma manera ante esos mismos estímulos, ¿o no?

Pero, entonces, nos viene la duda: ¿Qué podemos hacer? Porque la verdad es que… ¡Necesitamos que se cepillen los dientes! [drama… pausa…risas].

Ok, ¿Qué tal usar nuestro poder creativo para cambiar nuestras órdenes en juego? Pero Mafe, ¿hay momentos en que no me siento para juegos? Es verdad, pero te aseguro que mientras más internalicemos el juego y una actitud amable y firme con nuestros peques, no solamente nos sentiremos mejor sino que, además, solucionaremos en menos tiempo el “problema” (que se cepille los dientes) y después de hacerlo, se mantendrá una buena energía en el ambiente para continuar a lo siguiente que haya que hacer.

¿Cómo lo hacemos? Aquí les compartiré casos personales de cómo lo he manejado con Sebas en estos tres años.

trucos para que cepillarse los dientes sea más divertido

1. Cepillarse los dientes

Durante un tiempo, fue una lucha (literalmente) lograr que mi peque se cepillara los dientes. Un día tomé los juguetes de su serie animada favorita del momento, Los Octonautas, y me los llevé al baño mientras él me seguía aún con lágrimas en los ojos. Los coloqué como suelen aparecer en la serie y empecé a dramatizar:

[sonido emblemático de la alarma]

Capitán: ¡Octonautas, tenemos una misión especial! Sebastián no quiere cepillarse los dientes.

Pepe: ¡Oh no! Eso ayuda a los gérmenes a quedarse en su boca. Creo que yo podría ayudar. ¿Sebastián es un pez, no? [lo miro con cara de sorpresa, su cara cambió a una sonrisa y comenzó a gritar: no, un pez no… un tititotón (tiburón)].

Profesor Sabedor: quizá el pez piloto pueda ayudarnos (referente a un capítulo de la serie). En el libro de las criaturas sorprendentes dice que este pez come la suciedad de los dientes de los tiburones.

Capitán: Dashi, prepara la nave B y abre la autoescotilla.

Dashi: ¡A la orden Capitán!

[El capitán le cepilló los dientes en un plis y plas, mientras le tarareaba la música].

conseguir que un niño se corte las uñas

2. Cortarse las uñas

Esta es otra de las cosas que pueden convertirse en batalla con nuestros peques. En mi caso lo fue. Así que un día, agarré el cortauñas y le dije a Sebas: “Quiero presentarte a alguien. Se llama el mosntruito click click”. La cara de Sebas era como: “ohhhh”, así que continué: “El pobre tiene una semana sin comer, ¿será que podemos ayudarlo? Su dieta es muy especial, no come las mismas cosas que nosotros… ¿sabes que come? ¡Uñas!”. Entonces con una voz graciosa empecé a darle vida al cortauña: “Hmmm, ¡Sí! ¡Uñas! Crujientes y deliciosas uñas. Dame un poquito por favor”. [Sebas me da la mano y continúo mientras se las corto]: “Hmmm… ¡Qué delicia! Me has salvado la vida, tenía demasiada hambre y están taaaaan divinas… ¿Después me das un poco de los pies, por favor por favor por favor? ¡Son mis favoritas!”. Fin de la pelea. Cortamos las uñas sin problema ahora. Ahora el problema es inventar cosas nuevas para que el monstruito diga cada semana [risas].

conseguir que se vistan a la primera

3. Ponerse los zapatos para salir (cuando estamos apurados)

El otro día Sebas se levantó de la siesta y estábamos bastante justos para llegar a su clase de natación, así que empezamos a bajar las escaleras y yo en automático le iba diciendo: “Sebas, ¡busca los zapatos! ¡Sebas, vamos a hacer pipí antes de salir! ¡Sebas, ponte el suéter! ¡Sebas, ponte los zapatos!”. Supongo que ya saben sus respuestas: corría por toda la casa, decía que no quería, hacía fuerza… hasta que, ¡Plin! ¡Me iluminé! Algo así como si me hubiese salido de mi cuerpo y me escuché decir todas esas órdenes, una tras otra y yo misma dije: “¡Qué fastidiosa!” Entonces, me senté en el piso, agarré un zapato y comencé a moverlo mientras hablaba: “Me siento solo y con frío, ¿habrá por aquí cerca un piecito que quiera calentarme?”. Sebas empezó a reír, los dos nos relajamos, se puso los zapatos, el suéter, me dijo que prefería hacer pipí allá, nos montamos en el carro y nos fuimos. Llegamos a tiempo.

trucos para que los niños recojan los juguetes

4. Recoger los juguetes

¿Qué papá no ha entrado en crisis al ver legos, tacos, carritos, pinceles, cuadernos, calcomanías… todos juntos en un cuarto como si hubiese habido un terremoto? He estado ahí. Automáticamente, solemos decir cosas como: “¿Qué es este desastre?, ¿Ya recogiste tu cuarto?, ¿Cuántas veces te tengo que decir que recogas tu cuarto?, ¡Si no recoges ahora mismo, boto TODOS los juguetes!, ¡Tienes que aprender a mantener tus cosas en orden! Nos vamos a lastimar, te puedes lastimar, ¿te quieres lastimar?, etc etc”.

Ahora les pregunto: ¿Cuántas veces nuestros hijos han respondido positivamente recongiéndolos sin que termine en pelea? ¿Qué tal si lo intentamos desde el juego? Esto fue lo que me ha servido en varias oportunidades con Sebas: primero, entro al cuarto y digo: “Alguien se ha estado divirtiendo por aquí”. Entonces, me siento en el piso cerca de las cajas, agarro una y con voz graciosa digo: “¡Aliméntame! Primero los tacos verdes… hmmm… ¡Sí los crunchy verdes primero!”. Agarro otra caja y con otra voz le digo: “hmmm… a mí me provocan los carritos rojos, ¡dame carritos rojos por favorrrr!”. Y así, hasta que todo está recogido y nosotros terminamos riéndonos.

No siempre funcionarán los mismos “trucos”, a veces tenemos que variar: hacerlo cantando, inventando una historia, compitiendo contra el cronómetro (“A ver en cuánto tiempo lo logramos esta vez”). Otra veces, nos toca usar otras estrategias (siempre respetuosas con nosotros y con ellos), pero te garantizo que una vez que le agarres el gusto, el día a día de las cosas cotidianas que a veces nos agobian, pasarán de manera más ligera. Seguiremos cansadas al final del día pero, al menos, lo haremos con una sonrisa de habernos divertido con ellos. Y si un día no logran divertirse, no pasa nada. Siempre tienes otros días para seguir intentándolo. Si te gustó, déjanos tus comentarios, anécdotas e ideas de cómo hacer de lo cotidiano algo más divertido de digerir.

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